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viernes, 2 de diciembre de 2016

La dulce Jazmín (parte 1)


Bueno, esto es una serie de tres partes, sobre la historia de una amigo, al final de la historia, viene un poema que escribió mi amigo, debo decir (espero no me lea), que no es tan buen poeta.

¿Crees en los amores a primera vista? (acaso existen otros), yo conozco la historia de un tipo que se enamoró desde la ventana de un octavo piso, es la historia de un amigo.

Un día estaba con la mirada perdida en el smog del D.F. cuando bajo la mirada del cielo a la calle, o más bien del smog al cielo porque ahí estaba ella, la dulce Jazmín, de belleza soberbia, radiante cruzaba la calle y a su paso, se detenía toda la ciudad. Enfrente había un edificio en obras, y todos detenían su ritmo frenético para observar a aquella mujer, un obrero estuvo tentado de lanzarle un piropo, pero, el de al lado le dio un codazo, para callarlo, tal era el silencio litúrgico, que provocaba aquella mujer.

Y mi amigo se quedó admirado mirando a aquella mujer, que iba cruzando, que tal vez pensaba lo duro seria su primer día de trabajo en el restaurante de la esquina. Él se quedó embobado mirando como la puerta del restaurante se tragaba a aquella mujer y supo mi amigo que nada sería igual.

A la mañana siguiente, después de haber pensado toda la noche en aquella mujer, mi amigo salió a la ventana, se asomó y allí la encontró y aquella cita era diaria, aquella cita se convirtió en una obsesión, día tras día mi amigo se asomaba a la ventana y la veía pasar, y se preguntaba como seria ella, como sería su vida, como despertaría, como dormiría y pasaban los días y pasaban los meses.

Mi amigo, a veces creía percibir el perfume, de ella desde lo alto del edificio, o creía escucharla tararear una canción y la melodía le perseguía durante todo el día y pasaban los meses y pasaron años y mi amigo asomado a la ventana. Preocupándose cuando la veía caminar bajo la lluvia sin paraguas, preocupado cuando la creía ver más delgada.

Paso mucho tiempo y, muchas veces estuvo tentado mi amigo de bajar los ocho pisos para decirle a aquella mujer que, qué diablos, que la amaba, pero no lo hizo, paso mucho tiempo cuatro años asomado a la ventana. Y planeando el momento preciso, para, acercarse a ella.

Por fin tomo una decisión, seria este día, ese día terrible mi amigo se sorprendió un poco cuando no la vio pasar por debajo de su ventana, pero aun así a la hora de comer se fue a buscarla, a el restaurante, la busco entre las mesas, pero no la encontró, así que pregunto al encargado, el encargado, le dijo que Jazmín se había marchado, no del restaurante, del D.F. se había ido a Acapulco, con su familia y no iba a volver. Mi amigo supo del dolor amargo de la derrota, supo que aquella mujer no volvería a cruzar por debajo de su ventana.

Decidió volver a su trabajo arrastrando su cuerpo por los ocho pisos, no se sorprendió cuando en la octava planta, encontró a todo el mundo alborotado, de un lado para otro, frenético, alguien con el rostro desencajado le dijo que la empresa había quebrado, que estaban en la bancarrota, así que todos a la calle.

En un día, había perdido todo, la mujer que amaba, el trabajo, así que se fue para casa, no muy sorprendido, el mundo se derrumbaba y lo hacía de una vez, durante mucho tiempo estuvo abandonándose en casa, sin saber qué hacer, solamente pensando, en la dulce Jazmín, primero sin el valor para irla a buscar a Acapulco y luego sin el dinero necesario, paso otro año, cinco años pasaron, desde que vio a Jazmín, por primera vez.

Decido por fin hacer algo, empezó a buscar trabajo, pero mi amigo tenía 39 años, y en el D.F. no es fácil encontrar trabajo a esa edad, porque ya no eres el hombre agresivo que buscan las empresas, y en todas las entrevistas le decían que no, y que no, y que no.
Así que mi amigo decido tomar una decisión, que cambio su vida, decidió buscar a un coyote, mi amigo bien podría aparentar unos 34 así que le pediría al coyote que cambiara su acta de nacimiento para que dijera que tenía 34, para así poder conseguir algún trabajo. Y así se fue a la plaza de Santo 

Domingo, donde están los coyotes, y ahí tienes a mi amigo, perdido, buscando de un lado para otro, se terminó perdiendo entre las callejuelas y apareció, en un callejón, y en un portal, antiguo, observo como un anciano le hacía señas, le sonreía y le hacía señas para que lo siguiera, mi amigo, siguió a aquel misterioso hombre, y supo que era un coyote, mi amigo le dijo lo que necesitaba.

El coyote mientras tomaba datos, le dijo, ¿alguna vez has estado en Acapulco?, a mi amigo le dio un vuelco al corazón y se deshacía en el latido del recuerdo, no, nunca, fue lo que dijo, el viejo le dijo -veras, yo vivo cerca de la autopista, hacia Acapulco, cerca de Tepoztlán ¿conoces la curva de la autopista? ¿conoces la leyenda? la del fantasma, que pide ray en el mismo sitio, que se subía en el primer coche y desaparecía, en la curva en que se mató - aquella carretera estaba deshabitada partir de las doce de la noche, casi nadie pasaba por ahí por miedo al fantasma.

El viejo le dijo, muchas veces he estado tentado de agarrar la autopista para Acapulco y empezar de nuevo, mi amigo se quedó pensando en Acapulco, en Jazmín, al rato vino el viejo, con los documentos falsos y se fue para casa. Aquella noche durmió con el recuerdo de la dulce Jazmín.

A la mañana siguiente el teléfono sonó muy temprano, alguien al otro lado le decía “Oye tienes que venir a la oficina, a la reunión que es urgentisimo, que tienes que estar aquí” y mi amigo colgó maldiciendo al tipo que estaba al otro lado de la línea, -la oficina- pensó, el caso es que antes de despedirse el coyote le dijo “Ten cuidado, vuelves a tener 34 no vuelvas a cometer los mismos errores” pensó en las palabras del coyote mientras despertaba y prendía la radio, y en la radio las noticias de otras veces y mi amigo buscando los papeles del coyote sin éxito, y en la radio las noticias de otras veces, hasta que alguien dijo la fecha, era la de hace cinco años, bajo corriendo las escaleras y compro el primer periódico que vio, miro la fecha y era la de hace cinco años.

Volvía a tener 34, tomo un taxi hacia la oficina, subió las escaleras corriendo, ahí estaba todo igual, su mismo despacho, la misma gente y la misma ventana, mi amigo se acercó a ella se asomó, y su aliento se detuvo como el de toda la ciudad al paso de la dulce Jazmín, porque todo empezaba de nuevo, era un buen principio; principio de incertidumbre.

Sé que no sabes que recuerdo, cada línea en que te espero,
sé que no sabes que recuerdo, cada mirada en que me veo
sé que no sabes que recuerdo, que necesitaba, necesitarte,
sé que no sabes que recuerdo, cada palabra antes de un beso,
sé que no sabes que recuerdo, cada visión de un sueño,
sé que no sabes que recuerdo, la nostalgia después del recuerdo,
sé que no sabes que recuerdo, el olor de ti en tus noches,
sé que no sabes que recuerdo, el dolor de mi herida,
sé que no sabes que recuerdo, tu presencia,
sé que no sabes que recuerdo, tus sueños de opulencia,
sé que no sabes que recuerdo, tus vertebras de lado a lado,
sé que no sabes que recuerdo, la caída de tus pies en cada beso,
sé que no sabes que recuero, una carta,
sé que no sabes que recuerdo, un color,
sé que no sabes que recuerdo, un dolor,
sé que no sabes que recuerdo, un amor,
sé que no sabes que recuerdo, una plática de antes,
sé que no sabes que recuerdo, tu condición,
sé que no sabes que recuerdo, tu ropa y tu olor,
sé que no sabes que recuerdo, la mirada ausente cuando te vi,
sé que no sabes que recuerdo, el vacío que dejo nuestro primer adiós.


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