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| Camino a la "Nogalera" Durango, Dgo. (editada) |
El problema de los cuentos, es que se acaban
(como todo en la vida), pues resulta que esta es la última parte de la historia
de mi amigo que… la verdad vuelvo a decir (no es por criticar, pero sí) que no
es un buen poeta, como las veces anteriores, al final, dejare un poema de él.
Al principio mi amigo se derrumbó después de
la huida de Jazmín, pero luego… luego también, así que trato de buscar al
coyote para encontrar la posibilidad de yo que sé, y se fue para la plaza de
Santo Domingo, y rebuscando encontró el viejo callejón, el antiguo portal, pero
no, encontró una sucursal del Banco de México, esos eran otros coyotes, no le
interesaban, así que recordó las palabras del viejo coyote, “cerca de Tepoztlán”
recordó la curva de la autopista,
Tomo su coche y se fue para allá, no se
sorprendió cuando se encontró con un pueblo fantasma, aquel pueblo era una
sombra del pasado, todo en ruinas abandonado desde hacía más de cincuenta años,
empezaba a hacerse de noche, mi amigo se sonrió, asumió la derrota, y decidió
volver a casa, cuando ya era media noche, entro al coche y al poco de salir del
pueblo encontró a una chica pidiendo ray mi amigo no lo dudo paro bajo la
ventanilla y le dijo –¿a dónde vas?- ella dijo “al D.F.” pues sube, respondió.
Al poco rato ella dijo, “tenga mucho cuidado
en la siguiente curva” apenas pudo acabar la frase cuando en la última palabra
se escuchó un estruendo; se había reventado una llanta, así que mi amigo se
tuvo que hacer a un lado de la carretera.
El bajo, a cambiar la llanta y ella lo
acompaño, empezaron a hablar de cosas pequeñas, que fueron creciendo como bolas
de nieve hasta convertirse en grandes cosas,
- ¿Y tú de dónde eres?,
- yo del D.F.-
- ¿a qué te dedicas?
- antes estudiaba, pero ya no, respondía
ella
- por cierto, y a todo esto ¿Cómo te llamas?
- ¿acaso importa?
- pues, solo me gustaría saber
- ¿cómo te gustaría que me llamara?
- me gustaría tal vez…
- (ella lo interrumpió) Me llamo Jazmín, pero
con “y” y “s”
- (al principio el dudo, pero en un momento
lo olvido) Que bonito nombre.
- ¿Crees?
- si, mucho
Al rato no sé qué le
estaría contando el por qué ella se moría de risa, jamás nadie había
tardado tanto en cambiar una llanta, la verdad. Paso la noche, el empezó a contar
la historia de la dulce Jazmín (con “j” y “z”), del coyote y de la ventana y de
los consomés, le decía a Jazmín (con “y” y “s”):
- ¿tú crees?
- si yo te contara, yo sé lo que es desaparecer
justo en el momento preciso, yo sé lo que es repetir la historia una y otra
vez, yo te entiendo,
- ¿tú crees en los amores a primera vista?
(pregunto el con cara de “di que sí”)
- ¿Acaso existen otros? Le contesto.
Aquella chica era hermosa no sé si como Jazmín,
pero era hermosa, triste, pero hermosa, aquel silencio fue eterno.
Él le dijo volvamos al auto, te llevo al
D.F. y mientras se subían al coche él pensó en decirle, “quédate conmigo,
huyamos juntos a cualquier sitio empecemos de nuevo” y quizá ella pensaba lo
mismo, pero sin embargo dijo “ten cuidado con esa curva” y mi amigo tuvo mucho
cuidado, paso la curva con mucho cuidado, y con los ojos fijos en el camino mi
amigo no se atrevía a mirar el asiento del copiloto, quizá ella también se había
marchado como la dulce Jazmín y volvía a estar solo.
Sabiéndose solo se dirigió a la autopista y
cuando iba a entrar en ella, escucho una voz al lado que decía, “¿alguna vez
has estado en Acapulco?”, mi amigo miro en el asiento de al lado y ahí seguía
ella, ahora estoy seguro era más hermosa que Jazmín, mi amigo dijo –nunca- y
ella dijo, pues llévame... y se fueron.
Y así siguen en la carretera, mi amigo no
volvió a ver a Jazmín, porque lo importante no era Acapulco, lo importante era
el viaje, y saber que hay que tener memoria para no repetir los mismos errores
y así saber que la historia no se debe de repetir, sobre los fantasmas, no sé
si creer no lo sé, yo no sé si hay vida después de la muerte, hay gente que se
pregunta si hay vida antes de la muerte, yo personalmente me pregunto si hay
vida antes de las diez de la noche, el caso es que por aquella carretera, ahora
pasan después de medianoche, no sé si exista un coyote que me devuelva mi
pasado, no creo pero yo personalmente, no dejare que pases por debajo de mi
ventana, sin decirte que te quedes conmigo, o que te subas a mi coche sin que
hagamos una urgente huida.
Principio de incertidumbre
Principio de incertidumbre
Puede que las redes traigan
cuellos rotos, negras plumas de cormorán,
que tiemblen los semáforos,
las radios callen y se derrumbe la ciudad.
Puede que te saque de mis brazos
tu marido o el despertador,
que te interrumpa el desayuno
el vuelo de un B-52.
Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así
y encuentres el mercurio
de mi voz empapando tu contestador,
y florezcan los olivos en el valle de
Hebrón.
Puede que te queme el hielo,
o la luz del televisor.
Puede que te cite el parlamento
y decrete el blanco y negro,
que sonrían ángeles heridos
en la sección de sucesos,
que alimentándose de humo
se quiebre cual cristal esa mujer.
Que trepe una serpiente
por sus piernas infinitas. Puede ser.
Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así.
Quizás banderas blancas
tu habitación alumbren
y mi amor esté cerca
y los dioses duden.
Y este sea un buen principio,
principio de incertidumbre.
Puede que te salves. Puede
que amanezcas conmigo
y las espadas se entierren.
Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así
y encuentres el mercurio
de mi voz empapando tu contestador,
y florezcan los olivos en el valle de
Hebrón.
Puede que te queme el hielo,
o la luz del televisor.
Una posibilidad existe
de que amanezcas conmigo
y los cañones se oxiden.


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