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lunes, 5 de diciembre de 2016

La dulce Jazmín (parte 3).


Camino a la "Nogalera" Durango, Dgo. (editada)



El problema de los cuentos, es que se acaban (como todo en la vida), pues resulta que esta es la última parte de la historia de mi amigo que… la verdad vuelvo a decir (no es por criticar, pero sí) que no es un buen poeta, como las veces anteriores, al final, dejare un poema de él.

Al principio mi amigo se derrumbó después de la huida de Jazmín, pero luego… luego también, así que trato de buscar al coyote para encontrar la posibilidad de yo que sé, y se fue para la plaza de Santo Domingo, y rebuscando encontró el viejo callejón, el antiguo portal, pero no, encontró una sucursal del Banco de México, esos eran otros coyotes, no le interesaban, así que recordó las palabras del viejo coyote, “cerca de Tepoztlán” recordó la curva de la autopista,

Tomo su coche y se fue para allá, no se sorprendió cuando se encontró con un pueblo fantasma, aquel pueblo era una sombra del pasado, todo en ruinas abandonado desde hacía más de cincuenta años, empezaba a hacerse de noche, mi amigo se sonrió, asumió la derrota, y decidió volver a casa, cuando ya era media noche, entro al coche y al poco de salir del pueblo encontró a una chica pidiendo ray mi amigo no lo dudo paro bajo la ventanilla y le dijo –¿a dónde vas?- ella dijo “al D.F.” pues sube, respondió.

Al poco rato ella dijo, “tenga mucho cuidado en la siguiente curva” apenas pudo acabar la frase cuando en la última palabra se escuchó un estruendo; se había reventado una llanta, así que mi amigo se tuvo que hacer a un lado de la carretera.

El bajo, a cambiar la llanta y ella lo acompaño, empezaron a hablar de cosas pequeñas, que fueron creciendo como bolas de nieve hasta convertirse en grandes cosas,

- ¿Y tú de dónde eres?,
- yo del D.F.-
- ¿a qué te dedicas?
- antes estudiaba, pero ya no, respondía ella
- por cierto, y a todo esto ¿Cómo te llamas?
- ¿acaso importa?
- pues, solo me gustaría saber
- ¿cómo te gustaría que me llamara?
- me gustaría tal vez…
- (ella lo interrumpió) Me llamo Jazmín, pero con “y” y “s”
- (al principio el dudo, pero en un momento lo olvido) Que bonito nombre.
- ¿Crees?  
- si, mucho

Al rato no sé qué le estaría contando el por qué ella se moría de risa, jamás nadie había tardado tanto en cambiar una llanta, la verdad. Paso la noche, el empezó a contar la historia de la dulce Jazmín (con “j” y “z”), del coyote y de la ventana y de los consomés, le decía a Jazmín (con “y” y “s”):

- ¿tú crees?
- si yo te contara, yo sé lo que es desaparecer justo en el momento preciso, yo sé lo que es repetir la historia una y otra vez, yo te entiendo,
- ¿tú crees en los amores a primera vista? (pregunto el con cara de “di que sí”)
- ¿Acaso existen otros? Le contesto.

Aquella chica era hermosa no sé si como Jazmín, pero era hermosa, triste, pero hermosa, aquel silencio fue eterno.

Él le dijo volvamos al auto, te llevo al D.F. y mientras se subían al coche él pensó en decirle, “quédate conmigo, huyamos juntos a cualquier sitio empecemos de nuevo” y quizá ella pensaba lo mismo, pero sin embargo dijo “ten cuidado con esa curva” y mi amigo tuvo mucho cuidado, paso la curva con mucho cuidado, y con los ojos fijos en el camino mi amigo no se atrevía a mirar el asiento del copiloto, quizá ella también se había marchado como la dulce Jazmín y volvía a estar solo.

Sabiéndose solo se dirigió a la autopista y cuando iba a entrar en ella, escucho una voz al lado que decía, “¿alguna vez has estado en Acapulco?”, mi amigo miro en el asiento de al lado y ahí seguía ella, ahora estoy seguro era más hermosa que Jazmín, mi amigo dijo –nunca- y ella dijo, pues llévame... y se fueron.


Y así siguen en la carretera, mi amigo no volvió a ver a Jazmín, porque lo importante no era Acapulco, lo importante era el viaje, y saber que hay que tener memoria para no repetir los mismos errores y así saber que la historia no se debe de repetir, sobre los fantasmas, no sé si creer no lo sé, yo no sé si hay vida después de la muerte, hay gente que se pregunta si hay vida antes de la muerte, yo personalmente me pregunto si hay vida antes de las diez de la noche, el caso es que por aquella carretera, ahora pasan después de medianoche, no sé si exista un coyote que me devuelva mi pasado, no creo pero yo personalmente, no dejare que pases por debajo de mi ventana, sin decirte que te quedes conmigo, o que te subas a mi coche sin que hagamos una urgente huida.

Principio de incertidumbre

Puede que las redes traigan
cuellos rotos, negras plumas de cormorán,
que tiemblen los semáforos,
las radios callen y se derrumbe la ciudad.

Puede que te saque de mis brazos
tu marido o el despertador,
que te interrumpa el desayuno
el vuelo de un B-52.

Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así
y encuentres el mercurio
de mi voz empapando tu contestador,
y florezcan los olivos en el valle de Hebrón.

Puede que te queme el hielo,
o la luz del televisor.
Puede que te cite el parlamento
y decrete el blanco y negro,
que sonrían ángeles heridos
en la sección de sucesos,
que alimentándose de humo
se quiebre cual cristal esa mujer.

Que trepe una serpiente
por sus piernas infinitas. Puede ser.
Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así.
Quizás banderas blancas
tu habitación alumbren
y mi amor esté cerca
y los dioses duden.
Y este sea un buen principio,
principio de incertidumbre.

Puede que te salves. Puede
que amanezcas conmigo
y las espadas se entierren.

Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así
y encuentres el mercurio
de mi voz empapando tu contestador,
y florezcan los olivos en el valle de Hebrón.

Puede que te queme el hielo,
o la luz del televisor.
Una posibilidad existe
de que amanezcas conmigo

y los cañones se oxiden.

sábado, 3 de diciembre de 2016

La dulce Jazmín (parte 2)

Foto de la Ciudad de México tomada desde la Torre Latinoamericana

Ya la segunda entrega, mi amigo, no se atrevió la primera vez a hablarle, pero tuvo algún tiempo para escribirle a la dulce Jazmín, así que les dejo un poema que me hizo leer, no es el mejor poema que he leído, pero vamos estaba enamorado, así que discúlpelo.

Mi amigo con todo el futuro por delante, con todo el pasado, no sé muy bien, pero ahí lo tienes volviendo a mirar por la ventana y encontrándose de nuevo con aquella mujer, ahora jugaba con ventaja porque conocía los plazos, el tiempo que le quedaba. Aún así, dejo pasar el primer año deleitándose, asomándose por la ventana y planificando bien, la declaración de amor, pensando en la pose precisa, en las palabras adecuadas, y dejo pasar el tiempo y un día se presentó en el restaurante a la hora de comer, se sentó en la primera mesa que vio libre, y vio a Jazmín deambulando entre las mesas.

Ella se acercó, se puso delante de él y le dijo, “¿Qué desea?”, - ¿Qué deseo? -, ese era el momento esa era su oportunidad, así que, su garganta se tensó como una cuerda de guitarra, y mirándola le dijo –Un consomé y un filete de arrachera termino medio por favor-, Jazmín tomo nota y se fue, mi amigo se estuvo maldiciendo toda la noche.

Al día siguiente, ahí lo tienes sentado en la mesa y mirando a Jazmín clavando sus pupilas, en las de ella diciendo –Un consomé y unos tacos dorados, por favor- y al día siguiente armándose de valor, -Un consomé nada más, por favor-, y así día tras día, por las mañanas asomándose a la ventana para verla pasar y por las tardes asomándose a un consomé, el tiempo pasaba a veces mi amigo, creía que ella fijaba su vista en él y entonces las palomas de parque volaban, los borrachos en las cantinas brindaban a su salud, los feligreses en las iglesias se abrazaban y los soldados en primera línea de fuego se daban largos besos en la boca, pero ella ni siquiera se fijaba en de él.


Pasaba el tiempo, pasaban los días, pasaban los meses y pasaban los años, años de consome, por fin llegó el momento, no podía retrasar mas la declaración, al día siguiente Jazmín se iría, aquella noche casi no durmió mi amigo, así que al día siguiente se presentó al restaurante.

Se acercó Jazmín como todos los días, le dedico una sonrisa quizá más afectuosa que las otras veces, no lo sé, el caso es que se hizo silencio, un instante que pareció eterno, él pensó en decir, “Me gusta cuando callas porque estas como ausente”, o quizá, “ Por qué me despierto de madrugada mientras todos duermen”, pensó, “Me dueles mansamente, insoportablemente me dueles, toma mi cabeza córtame el cuello nada queda de mi después de este amor”, pensó en decirle simplemente, “quédate conmigo, por favor”, y por fin “Un consomé por favor”.

Era inevitable, mi amigo comió el consomé como un condenado a muerte, en calma y en silencio y se fue para casa ni siquiera paso por su despacho, sabía que la derrota era inevitable. Y a mí no me sorprende mucho, porque alguien dijo una vez, que los amores cobardes, no llegan a amores ni historias se quedan ahí, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.

Todo lo que mira se ilumina:
la punta de su sombra,
el filo de su ausencia es suficiente
para abrir en canal y provocar
hemorragias de luz incontenible.
Pero no es por amor, ella lo sabe:
goza apuntando el sueño,
canta al sentir angustia.
Se vestirá de obscuridad si hiciera falta
para hacerme llorar;
pero si le dijera que me excita,
se insinuara belleza en su negrura,
iría corriendo a revolcarse,
hasta volverse una mancha luminosa,
es la luz más intensa que encontrara.

viernes, 2 de diciembre de 2016

La dulce Jazmín (parte 1)


Bueno, esto es una serie de tres partes, sobre la historia de una amigo, al final de la historia, viene un poema que escribió mi amigo, debo decir (espero no me lea), que no es tan buen poeta.

¿Crees en los amores a primera vista? (acaso existen otros), yo conozco la historia de un tipo que se enamoró desde la ventana de un octavo piso, es la historia de un amigo.

Un día estaba con la mirada perdida en el smog del D.F. cuando bajo la mirada del cielo a la calle, o más bien del smog al cielo porque ahí estaba ella, la dulce Jazmín, de belleza soberbia, radiante cruzaba la calle y a su paso, se detenía toda la ciudad. Enfrente había un edificio en obras, y todos detenían su ritmo frenético para observar a aquella mujer, un obrero estuvo tentado de lanzarle un piropo, pero, el de al lado le dio un codazo, para callarlo, tal era el silencio litúrgico, que provocaba aquella mujer.

Y mi amigo se quedó admirado mirando a aquella mujer, que iba cruzando, que tal vez pensaba lo duro seria su primer día de trabajo en el restaurante de la esquina. Él se quedó embobado mirando como la puerta del restaurante se tragaba a aquella mujer y supo mi amigo que nada sería igual.

A la mañana siguiente, después de haber pensado toda la noche en aquella mujer, mi amigo salió a la ventana, se asomó y allí la encontró y aquella cita era diaria, aquella cita se convirtió en una obsesión, día tras día mi amigo se asomaba a la ventana y la veía pasar, y se preguntaba como seria ella, como sería su vida, como despertaría, como dormiría y pasaban los días y pasaban los meses.

Mi amigo, a veces creía percibir el perfume, de ella desde lo alto del edificio, o creía escucharla tararear una canción y la melodía le perseguía durante todo el día y pasaban los meses y pasaron años y mi amigo asomado a la ventana. Preocupándose cuando la veía caminar bajo la lluvia sin paraguas, preocupado cuando la creía ver más delgada.

Paso mucho tiempo y, muchas veces estuvo tentado mi amigo de bajar los ocho pisos para decirle a aquella mujer que, qué diablos, que la amaba, pero no lo hizo, paso mucho tiempo cuatro años asomado a la ventana. Y planeando el momento preciso, para, acercarse a ella.

Por fin tomo una decisión, seria este día, ese día terrible mi amigo se sorprendió un poco cuando no la vio pasar por debajo de su ventana, pero aun así a la hora de comer se fue a buscarla, a el restaurante, la busco entre las mesas, pero no la encontró, así que pregunto al encargado, el encargado, le dijo que Jazmín se había marchado, no del restaurante, del D.F. se había ido a Acapulco, con su familia y no iba a volver. Mi amigo supo del dolor amargo de la derrota, supo que aquella mujer no volvería a cruzar por debajo de su ventana.

Decidió volver a su trabajo arrastrando su cuerpo por los ocho pisos, no se sorprendió cuando en la octava planta, encontró a todo el mundo alborotado, de un lado para otro, frenético, alguien con el rostro desencajado le dijo que la empresa había quebrado, que estaban en la bancarrota, así que todos a la calle.

En un día, había perdido todo, la mujer que amaba, el trabajo, así que se fue para casa, no muy sorprendido, el mundo se derrumbaba y lo hacía de una vez, durante mucho tiempo estuvo abandonándose en casa, sin saber qué hacer, solamente pensando, en la dulce Jazmín, primero sin el valor para irla a buscar a Acapulco y luego sin el dinero necesario, paso otro año, cinco años pasaron, desde que vio a Jazmín, por primera vez.

Decido por fin hacer algo, empezó a buscar trabajo, pero mi amigo tenía 39 años, y en el D.F. no es fácil encontrar trabajo a esa edad, porque ya no eres el hombre agresivo que buscan las empresas, y en todas las entrevistas le decían que no, y que no, y que no.
Así que mi amigo decido tomar una decisión, que cambio su vida, decidió buscar a un coyote, mi amigo bien podría aparentar unos 34 así que le pediría al coyote que cambiara su acta de nacimiento para que dijera que tenía 34, para así poder conseguir algún trabajo. Y así se fue a la plaza de Santo 

Domingo, donde están los coyotes, y ahí tienes a mi amigo, perdido, buscando de un lado para otro, se terminó perdiendo entre las callejuelas y apareció, en un callejón, y en un portal, antiguo, observo como un anciano le hacía señas, le sonreía y le hacía señas para que lo siguiera, mi amigo, siguió a aquel misterioso hombre, y supo que era un coyote, mi amigo le dijo lo que necesitaba.

El coyote mientras tomaba datos, le dijo, ¿alguna vez has estado en Acapulco?, a mi amigo le dio un vuelco al corazón y se deshacía en el latido del recuerdo, no, nunca, fue lo que dijo, el viejo le dijo -veras, yo vivo cerca de la autopista, hacia Acapulco, cerca de Tepoztlán ¿conoces la curva de la autopista? ¿conoces la leyenda? la del fantasma, que pide ray en el mismo sitio, que se subía en el primer coche y desaparecía, en la curva en que se mató - aquella carretera estaba deshabitada partir de las doce de la noche, casi nadie pasaba por ahí por miedo al fantasma.

El viejo le dijo, muchas veces he estado tentado de agarrar la autopista para Acapulco y empezar de nuevo, mi amigo se quedó pensando en Acapulco, en Jazmín, al rato vino el viejo, con los documentos falsos y se fue para casa. Aquella noche durmió con el recuerdo de la dulce Jazmín.

A la mañana siguiente el teléfono sonó muy temprano, alguien al otro lado le decía “Oye tienes que venir a la oficina, a la reunión que es urgentisimo, que tienes que estar aquí” y mi amigo colgó maldiciendo al tipo que estaba al otro lado de la línea, -la oficina- pensó, el caso es que antes de despedirse el coyote le dijo “Ten cuidado, vuelves a tener 34 no vuelvas a cometer los mismos errores” pensó en las palabras del coyote mientras despertaba y prendía la radio, y en la radio las noticias de otras veces y mi amigo buscando los papeles del coyote sin éxito, y en la radio las noticias de otras veces, hasta que alguien dijo la fecha, era la de hace cinco años, bajo corriendo las escaleras y compro el primer periódico que vio, miro la fecha y era la de hace cinco años.

Volvía a tener 34, tomo un taxi hacia la oficina, subió las escaleras corriendo, ahí estaba todo igual, su mismo despacho, la misma gente y la misma ventana, mi amigo se acercó a ella se asomó, y su aliento se detuvo como el de toda la ciudad al paso de la dulce Jazmín, porque todo empezaba de nuevo, era un buen principio; principio de incertidumbre.

Sé que no sabes que recuerdo, cada línea en que te espero,
sé que no sabes que recuerdo, cada mirada en que me veo
sé que no sabes que recuerdo, que necesitaba, necesitarte,
sé que no sabes que recuerdo, cada palabra antes de un beso,
sé que no sabes que recuerdo, cada visión de un sueño,
sé que no sabes que recuerdo, la nostalgia después del recuerdo,
sé que no sabes que recuerdo, el olor de ti en tus noches,
sé que no sabes que recuerdo, el dolor de mi herida,
sé que no sabes que recuerdo, tu presencia,
sé que no sabes que recuerdo, tus sueños de opulencia,
sé que no sabes que recuerdo, tus vertebras de lado a lado,
sé que no sabes que recuerdo, la caída de tus pies en cada beso,
sé que no sabes que recuero, una carta,
sé que no sabes que recuerdo, un color,
sé que no sabes que recuerdo, un dolor,
sé que no sabes que recuerdo, un amor,
sé que no sabes que recuerdo, una plática de antes,
sé que no sabes que recuerdo, tu condición,
sé que no sabes que recuerdo, tu ropa y tu olor,
sé que no sabes que recuerdo, la mirada ausente cuando te vi,
sé que no sabes que recuerdo, el vacío que dejo nuestro primer adiós.