Esta es la primera entrega de una serie llamada “sueños y realidades” la cual tendrá unos poemas que él le escribió a ella mientras no estaba soñando.
Una
mirada que lo transporto a sus sueños fue apenas 68 días de que la vio por
primera vez desde ese día ha soñado con ella llegando al altar, pero no de la
forma en que uno camina de la puerta al atrio, más bien de la forma en que con
una mirada se empieza y acaba con la última palabra que siempre es la peor.
Desde
ese él supo que tenía que dar todo lo que fuera para verse felices, solo tenía
que hacer un par de combinaciones entre sueños y realidades para llegar a ese
momento que había soñado desde hace mucho “ser mucho más que dos”.
No sabía
cuánto tiempo tenia, pero él sabía que volvería a ver a esa mujer que no tenía
nombre. Al principio sus sueños no eran muy fructíferos, en ellos solo tenía
conversaciones que no lo llevaron a ningún lado, pareciera que ella no era para
él, quizá su subconsciente le decía eso, que no era bienvenido en su vida; si a
él le gustaba la cerveza ella prefería ron, si a él le gustaba Miro a ella le
gustaba Monet, si a él le gustaba el cine ella prefería los libros, si a él le
gustaba la carne ella era vegetariana. Poco a poco él se empezaba a sentir
ajeno a sus propios sueños, pero, aun así, no dejaba de pensar en ella.
Sin
embargo poco a poco se empezó a enamorar y lo mejor o lo peor, dependiendo el día
era que no conocía su nombre, el día 32 fue para él “el peor día de su vida”,
tuvo dos exámenes y en los dos le fue muy mal, pero cuando fue a dormir él sabía
que tenía una cita con esa mujer a la que ya amaba, ese día empezaron a
discutir con ella todo por culpa de Hemingway contra FitzGerald obviamente ella
estaba a favor de Hemingway pero al calor de la discusión ella tomo su cuello
lo acerco a ella y le dio el beso que hasta ahora sueña, por supuesto que al
despertar él estaba muy feliz con una sonrisa enorme que su familia nunca había
visto, hasta llegaron a pensar que estaba loco.
Aquel
beso se repitió durante 18 noches claro, con diferentes peleas previas, pero
terminaba en lo mismo hasta que la noche 51 hicieron el amor, después de mucho
tiempo el no recuerda muy bien cómo fue, donde fue, que ropa tenia, solo
recuerda que hicieron el amor y que fue la mejor sensación, pero, precisamente
la siguiente noche dejo de soñarla, por más que pensaba en ella antes de
dormir, no podía regresarla a sus sueños y no pudo hacerlo durante 5 días que
fueron terribles.
Afortunadamente
volvieron a encontrarse y se besaron el beso duro 3 sueños en los cuales no
dejaron de besarse pareciera que no había nada a su alrededor solo él y
ella besándose, ya no existía una realidad solo existían los sueños, el solo vivía
para soñar a esa mujer que no tenía nombre.
Los
siguientes sueños solo se conocían aún más con palabras y con besos, pero esos
besos ya no tenían la magia de los anteriores; por fin un día llego el sueño 67
en el sucedió algo que lo pareció extraño algo que, ella le dijo “Adiós, te veo
pronto”. Después de esa frase el despertó y no pudo volver a dormir.
Asustado,
hizo sus actividades diarias, no sabía si esa noche volvería a soñarla, ese
sueño lo sintió muy real, ya dudaba que era un sueño y que era la realidad; justo
iba pensando en eso cuando en el metro a lo lejos la vio, su corazón se detuvo
por un instante, se acercó a ella lentamente, mientras buscaba las palabras
precisas, pensó en decirle “me gusta cuando callas porque estas como ausente”
tal vez “Me dueles mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza.
Córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor.” Pensó en decirle
simplemente “¿Por qué me levanto de madrugada mientras todos duermen?” o
simplemente “Quédate conmigo” sin embargo justo cuando estaba a unos pasos, sonó
el celular de ella, contesto y dijo “Hola mi amor”.
El
solamente se dio la vuelta y camino hacia la salida, el ahora solo vive para
soñar esperando que algún día ella aparezca y le diga “Hola, ¿Cómo has estado?”
Y la verdad, a mí no me sorprende mucho, pues alguien dijo una vez que los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, ni el mejor trovador las puede rimar ni el mejor orador conjugar.

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