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martes, 8 de noviembre de 2016

Sueños y realidades


Esta es la primera entrega de una serie llamada “sueños y realidades” la cual tendrá unos poemas que él le escribió a ella mientras no estaba soñando.


Una mirada que lo transporto a sus sueños fue apenas 68 días de que la vio por primera vez desde ese día ha soñado con ella llegando al altar, pero no de la forma en que uno camina de la puerta al atrio, más bien de la forma en que con una mirada se empieza y acaba con la última palabra que siempre es la peor.

Desde ese él supo que tenía que dar todo lo que fuera para verse felices, solo tenía que hacer un par de combinaciones entre sueños y realidades para llegar a ese momento que había soñado desde hace mucho “ser mucho más que dos”.

No sabía cuánto tiempo tenia, pero él sabía que volvería a ver a esa mujer que no tenía nombre. Al principio sus sueños no eran muy fructíferos, en ellos solo tenía conversaciones que no lo llevaron a ningún lado, pareciera que ella no era para él, quizá su subconsciente le decía eso, que no era bienvenido en su vida; si a él le gustaba la cerveza ella prefería ron, si a él le gustaba Miro a ella le gustaba Monet, si a él le gustaba el cine ella prefería los libros, si a él le gustaba la carne ella era vegetariana. Poco a poco él se empezaba a sentir ajeno a sus propios sueños, pero, aun así, no dejaba de pensar en ella.

Sin embargo poco a poco se empezó a enamorar y lo mejor o lo peor, dependiendo el día era que no conocía su nombre, el día 32 fue para él “el peor día de su vida”, tuvo dos exámenes y en los dos le fue muy mal, pero cuando fue a dormir él sabía que tenía una cita con esa mujer a la que ya amaba, ese día empezaron a discutir con ella todo por culpa de Hemingway contra FitzGerald obviamente ella estaba a favor de Hemingway pero al calor de la discusión ella tomo su cuello lo acerco a ella y le dio el beso que hasta ahora sueña, por supuesto que al despertar él estaba muy feliz con una sonrisa enorme que su familia nunca había visto, hasta llegaron a pensar que estaba loco.

Aquel beso se repitió durante 18 noches claro, con diferentes peleas previas, pero terminaba en lo mismo hasta que la noche 51 hicieron el amor, después de mucho tiempo el no recuerda muy bien cómo fue, donde fue, que ropa tenia, solo recuerda que hicieron el amor y que fue la mejor sensación, pero, precisamente la siguiente noche dejo de soñarla, por más que pensaba en ella antes de dormir, no podía regresarla a sus sueños y no pudo hacerlo durante 5 días que fueron terribles.

Afortunadamente volvieron a encontrarse y se besaron el beso duro 3 sueños en los cuales no dejaron de besarse pareciera que no había nada a su alrededor solo él y ella besándose, ya no existía una realidad solo existían los sueños, el solo vivía para soñar a esa mujer que no tenía nombre.

Los siguientes sueños solo se conocían aún más con palabras y con besos, pero esos besos ya no tenían la magia de los anteriores; por fin un día llego el sueño 67 en el sucedió algo que lo pareció extraño algo que, ella le dijo “Adiós, te veo pronto”. Después de esa frase el despertó y no pudo volver a dormir.

Asustado, hizo sus actividades diarias, no sabía si esa noche volvería a soñarla, ese sueño lo sintió muy real, ya dudaba que era un sueño y que era la realidad; justo iba pensando en eso cuando en el metro a lo lejos la vio, su corazón se detuvo por un instante, se acercó a ella lentamente, mientras buscaba las palabras precisas, pensó en decirle “me gusta cuando callas porque estas como ausente” tal vez “Me dueles mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza. Córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor.” Pensó en decirle simplemente “¿Por qué me levanto de madrugada mientras todos duermen?” o simplemente “Quédate conmigo” sin embargo justo cuando estaba a unos pasos, sonó el celular de ella, contesto y dijo “Hola mi amor”.

El solamente se dio la vuelta y camino hacia la salida, el ahora solo vive para soñar esperando que algún día ella aparezca y le diga “Hola, ¿Cómo has estado?”

Y la verdad, a mí no me sorprende mucho, pues alguien dijo una vez que los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, ni el mejor trovador las puede rimar ni el mejor orador conjugar.

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